CUESTIÓN MALVINAS: POSICIONES IRREDUCTIBLES O LA CAVERNA DE PLATÓN – PROEMIO                                                     

          Pláceme anunciar la obra de dos hombres íntegros cuyas experiencias de vida los ha llevado a delinear un sueño, una visión, no un mapa de ruta para tomar algún camino desconocido, sino que a modo de mensajeros de paz, han realizado un PROYECTO DE CONVIVENCIA, TRABAJO Y SOBERANÍA COMPARTIDA DE LAS ISLAS MALVINAS, (*) donde proponen algo totalmente contrario a lo que relata la Biblia respecto del suceso de la Torre de Babel. Al levantar los hombres un monumento a la soberbia, no pudieron más hablar el mismo lenguaje. Este proyecto es una refutación a la irracionalidad y a la barbarie. Este proyecto representa la aspiración humana de alcanzar un día la paz  y la confraternidad definitiva entre los hombres y las naciones. Todo edificio implica un proyecto previo que es una idea llevada a un plano. Lo mismo sucede con este proyecto que es la base de los cimientos de un monumento a la paz.  La paz hace hablar y cantar un solo lenguaje que es  similar al Himno de la alegría contenido en el último Movimiento de la Novena Sinfonía de Beethoven.

           Tal como reza la grandiosa máxima de Gandhi: “No hay camino para la paz, la paz es el camino”, sería plausible y un admirable ejemplo a seguir que dos naciones que hablan idiomas diferentes, como Gran Bretaña y Argentina pudieran en forma civilizada sentarse a dialogar para encontrar el luminoso camino de la Paz luego de haber estado en guerra hace treinta años atrás.  

          Y esto es tan cierto como que la concordia cura mucho mejor las heridas que la desconfianza y los recelos. Solamente pueden ofrecer la paz, aquellos hombres que tienen paz en sus corazones. Y sin paz no hay felicidad posible. No digamos que la paz es una utopía, un espejismo, un esfuerzo en vano.  El noble y alto ideal de la paz, vale el empeño y afán por conseguirla. Un esfuerzo total es una victoria completa.

Tenemos aquí una idea que en medio de la oscuridad, parece una diminuta y lejana luz que se vislumbra al final de la caverna: un proyecto para la solución pacífica de conflictos territoriales.  Héctor Sandler  y Guillermo Illuminati (mi padre), son los autores de esta feliz propuesta dirigida a llamar la atención y conseguir la recomendación de la ONU como probable modelo en las rígidas situaciones donde cada parte se atrinchera en su posición sin salir de la caverna,  actitud  que aleja todo posible acuerdo de amistad y progreso recíproco.

          La conciliación es hermana de la cordura y el encono es el padre de la guerra y la discordia es su madre. Cuando hay buena voluntad y verdadero humanitarismo, no es imposible que los pueblos logren hermanarse, máxime si juntos pueden lograr  un beneficio  recíproco. Si Caín y Abel hubieran zanjado mediante el diálogo sus diferencias,  tal vez Abel hubiera llegado a viejo.

        Todos debemos poner de nuestra parte la máxima contribución que es imprescindible para la obtención del entendimiento con el otro, con ese prójimo que es nuestro rival o contendiente. La felicidad es fruto de la paz y la paz es el resultado de la amplitud de mente y del espíritu generoso. Ningún hombre debe ser enemigo de otro hombre, ni un pueblo tampoco ser enemigo de otro pueblo. La enemistad es hija de la soberbia y del falso orgullo.

        Tratar de suprimir las divergencias y desavenencias es la mejor ofrenda de paz que dos naciones pueden mostrarle a esta humanidad que parece estar parada sobre un volcán a punto de estallar.

        Este proyecto puede servir de ejemplo y de modelo de vinculación entre las naciones en conflicto.  Construir  la paz es volver a hablar  el mismo lenguaje, el lenguaje de la hermandad universal. Todos los hombres somos hermanos por tener el mismo origen divino. Tenemos el mismo Dios, el mismo Creador. Somos la obra de sus manos.

         La paz que puede establecerse en la tierra, ha sido prometida desde el cielo a los hombres de buena voluntad. Todos los otros medios emanados de las pasiones humanas, causan distanciamiento y la reacción adversa.

         Solamente la paz que es el fruto de la bondad y el amor universal provoca aproximación y correspondencia.  Si echamos un vistazo a la Historia Universal, veremos que hubo más momentos de sombras que de luces.

          Pertenece a las sombras el régimen del feudalismo y de los siervos de la gleba, heredado de la explotación forzada de los esclavos de la Antigua Roma, una ominosa herencia que aún pervive en nuestros días a través del perverso abuso del capitalismo salvaje.

        La tierra es propiedad común de todos los seres que habitan el planeta. Las actuales posesiones, dominios y soberanías han sido el resultado de conquistas y despojos de unos pueblos invasores sobre otros que pacíficamente habitaban antes esas tierras. Ningún patriotismo autoriza a que los poderosos y ricos prevalezcan por sobre los débiles y pobres con el fin de someterlos y sojuzgarlos mediante la ocupación violenta de sus tierras y dominios.

        El mandato divino consignado en la Biblia: “poblad la tierra, creced y multiplicaos” parece haber sido en el pasado un lema de apropiación de la tierra por la fuerza, origen de todas las guerras. Pero Jesucristo en su mensaje universal de paz, afirmó todo lo contrario: “Bienaventurados los pacíficos porque ellos conquistarán la tierra”. El odio y la violencia alejan y separan. En cambio, la paz, la bondad y el entendimiento atraen y convocan a los pueblos

        Que el territorio de Malvinas no sea un lugar de maniobras militares intimidatorias de guerra, sino que sea una tierra de paz, un lugar compartido, una fuente y puesto de trabajo. Que en lugar de soldados armados, haya colonos argentinos que se integren como hermanos a los isleños naturales de esas desoladas islas y trabajen en ellas, ora como campesinos,  ora como pescadores de ultramar, ora como ganaderos.

        Todos unidos y consustanciados con la idea de estrechar verdaderos lazos de  confraternidad y recíproca colaboración, dejando atrás el doloroso pasado de la guerra. Que se firme un Tratado, un Acuerdo con el compromiso para Argentina y el Reino Unido de que en adelante ninguna discusión o diferencia justificará otro derramamiento de sangre inocente. Nunca más un enfrentamiento armado por la tierra.

        Que los nuevos colonos argentinos estén armados de maquinaria agrícola. Que se conviertan en criadores de ovejas, esquiladores para mejor desarrollo de industria de la lana.  ¿Qué mejor ejemplo de paz para todo el mundo?

       En las circunstancias en que hoy el mundo se debate donde la desesperanza y la desconfianza precipitarán al mundo en el abismo de la locura de la guerra. En lugar de la bandera de la paz, el mundo parece izar una de color negro con la inscripción: “La locura como un doctor dictando su ley a la razón y a la cordura”.

     ¿Acaso no nos enseña la Historia que el orgullo conduce inevitablemente a la guerra?  ¿O será la Historia, como dijo Shakespeare por boca de Macbeth: “un cuento narrado por un idiota”?  ¿O como la definió James Joyce: “una pesadilla de la que trato de despertarme”?

       La esperanza de la paz y el entendimiento es lo que conlleva este proyecto que hoy es presentado aquí en este simbólico recinto, en esta Aula Magna donde tantos alumnos han pasado y oído las lecciones de aquel derecho llamado de gentes, ese eterno derecho natural o su enseñanza que es la filosofía del derecho, la filosofía de la paz duradera entre los hombres.

Puedo asegurarles que los hombres enemistados por conflictos no resueltos, como son los casos de las Islas Malvinas y de Medio Oriente, es la misma situación del ejemplo de Platón en que un hombre encadenado adentro de una caverna solamente podía ver sombras tenebrosas que se agrandaban en la pared y le infundían temor, pero que si fuera liberado de sus cadenas y saliera de la caverna, advertiría que esas figuras que lo asustaban no eran más que sombras de las siluetas de otros hombres que proyectaba una fogata hacia el interior de la caverna. Es lo mismo que sucede entre los países beligerantes, cada bando vive y permanece en su caverna. Para lograr la paz y la tranquilidad hay que “salir de la caverna”, triste  metáfora de la actual incomprensión, intransigencia y confusión mundial.

         ¿No fue acaso un poeta inglés quien dijo aquellas hermosas palabras sobre la comunión espiritual entre los hombres? 

        Aquellas vibrantes palabras que dicen: “Ningún hombre es una isla entera por sí mismo. Cada hombre es una pieza del continente, una parte del todo. Si el mar se lleva una porción de tierra, toda Europa queda disminuida, como si fuera un promontorio, o la casa de uno de tus amigos, o la tuya propia. Ninguna persona es una isla; la muerte de cualquiera me afecta, porque me encuentro unido a toda la humanidad; por eso, nunca preguntes por quién doblan las campanas, doblan por ti”.

         Alguien dijo una vez: “Entenderlo todo es perdonarlo todo”, frase ésta que me parece una idea muy luminosa para lograr la paz,  pues quien llega a entender todo es alguien que se siente inmerso en el todo. El odio enferma y destruye al que lo sufre. El perdón cura y salva al mismo tiempo. No tomar represalia es una manera de entenderlo a Dios.

          En toda guerra hay un vencedor y un vencido. Pero yo creo que el vencedor  no siempre gana, ya que muchas veces pierde muchas cosas valiosas  y viceversa. Algunos pasajes de la Biblia nos enseñan que “al necio le parece que su camino es recto, pero el sabio escucha un consejo” (Prov.12-15). “El fatuo provee discordias con su presunción, y la sabiduría está con los que se dejan aconsejar” (Prov.14-10) y “Quien deja de lado su enojo vale más que un héroe, y el dueño de sí mismo, más que un conquistador” (Prov.16-12).

        Los hombres de buena voluntad son como faros que en la noche alumbran a los navíos. Los hombres díscolos a la paz son como los murciélagos y las lechuzas: habitantes de la noche que huyen de la luz. Por eso, hay que estar del lado de la luz que es la paz y no de la oscuridad que es la guerra que sólo trae muerte y dolor como una rueda que gira interminable. Argentina y Gran Bretaña aún lloran a sus muertos caídos de la Guerra del Atlántico Sur. Una guerra que podía haberse evitado.

          La sangre derramada es el inmortal tributo pagado por los muertos. Ese tributo es un derecho de herencia que obliga a ambas naciones a compartir esa tierra regada con la sangre de los valientes soldados que allí quedaron para siempre.

            Parafraseando a Séneca diríamos que la vida de cualquiera de esos muertos, ya sean de un bando o del otro, vale mucho más que el universo entero. La vida de un hombre vale mucho más que una miserable guerra.

            Un proyecto que tenga una idea de confraternidad entre dos bandos contrarios, equivale a la respuesta dada a la pregunta contenida en el Libro de Isaías: “Custos quid de nocte?, vigía,  ¿Qué nos pronosticas de la noche que nos envuelve? En esa admirable profecía la respuesta fue dada con estas palabras: “A través de la oscuridad de la noche que me envuelve veo una pequeña claridad: ¡Es la aurora que comienza a despuntar!  ¡Un nuevo día comienza a amanecer!

           Ojalá que este proyecto, esta hermosa iniciativa, contagie de entusiasmo a los distinguidos oyentes y así puedan vuestras voces sonar como campanas que se oigan en todos los confines del mundo.  Los hombres no son islas, los hombres son istmos que con sus brazos unen dos continentes. Son como puentes entre orillas opuestas.  Los istmos abrazan la tierra.  Los hombres se abrazan cuando reconocen que son hermanos. Son hermanos por ser hijos del Único Dios, el Eterno Padre Universal de todos los hombres.

         Que vuestras voces consigan que la esperanza de la paz y el entendimiento sean pronto una bella realidad, antes de que sea tarde. Con la ayuda de Dios y el esfuerzo de todos, volverá a salir el sol de la paz para brillar, como la bella frase de Shakespeare: “El mismo sol no ve hasta que el cielo se aclara”.

        Roguemos entonces que la paz brille en el horizonte como el arco iris que aparece después de la oscuridad de la tormenta. Y así poder cantar: “Escucha hermano / la canción de la alegría / el canto alegre del que espera / un nuevo día / ven canta sueña cantando / vive soñando el nuevo sol / en que los hombre /volverán a ser hermanos. / Escucha hermano / la canción de la alegría / el canto alegre del que espera / un nuevo día / ven canta sueña cantando / vive soñando el nuevo sol / en que los hombres / volverán a ser hermanos”.

Luis Illuminati, Córdoba,  25 de mayo de 2012.-

(*) Este proyecto será presentado en breve en el Congreso de la Nación para su evaluación y tratamiento, previo auspicio de alguna Universidad de nuestro país que se digne apoyar a esta idea para superar un conflicto que amenaza eternizarse, sin que ninguna de las dos partes en conflicto proponga algo distinto a sus respectivas pretensiones, posiciones irreductibles para lograr un entendimiento razonable.

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